Desde Febrero todo se ha dado la tarea dulce de irse. Me he recuperado, ya como que he dejado de verme anhelando, de ser recuerdos pintados en paredes negras. Todo se ha vuelto superfluo e itermitente, banal, meramente circunstancial, pero sobre todo, divinamente indoloro, no hay un adios que ahora pueda herirme, más bien los encuentro justos y perfectos.
Con las ganas ya no entre los dedos sino entre los ojos, contemplo lo que de verdad me hara fortalecerme, miro los verdaderos retos que me estan esperando, mis ojeras siempre presentes y mi cansancio exquisito lleno de madrugadas sin amaneceres. No, nunca en verdad los necesite para permanecer en pie.
Solo existo yo y mi gran fuerza de voluntad, la fragilidad no tiene mucha cavida en mi, he sabido comer tierra, levantarme, levantar a otros. Me mantengo en pie, camino, muchas veces corro, tropiezo, me lavo la cara y sigo.
No hay mayor exponente de lo que endurecen las experiencias, no hay mayor imagen de seguridad que la que emano ahora, nada, nadie, ningunas palabras ni emociones pueden interponerse entre lo que deseo.
Soy yo, ahora perfectamente calculadora, lobo de la estepa... por siempre Rebeca
Con las ganas ya no entre los dedos sino entre los ojos, contemplo lo que de verdad me hara fortalecerme, miro los verdaderos retos que me estan esperando, mis ojeras siempre presentes y mi cansancio exquisito lleno de madrugadas sin amaneceres. No, nunca en verdad los necesite para permanecer en pie.
Solo existo yo y mi gran fuerza de voluntad, la fragilidad no tiene mucha cavida en mi, he sabido comer tierra, levantarme, levantar a otros. Me mantengo en pie, camino, muchas veces corro, tropiezo, me lavo la cara y sigo.
No hay mayor exponente de lo que endurecen las experiencias, no hay mayor imagen de seguridad que la que emano ahora, nada, nadie, ningunas palabras ni emociones pueden interponerse entre lo que deseo.
Soy yo, ahora perfectamente calculadora, lobo de la estepa... por siempre Rebeca


