[ Killing me softly... ]
Detesto lo vertiginoso de las caídas,
los golpes púrpura en las rodillas,
la sangre que colinda con el vidrio
y con las manos derramándose,
los corazones detenidos, los ojos abierto
todos vacíos e inmutables.
Detesto sentir que he perdido la noción de mí.
Mis desilusiones, hoy todas mojadas,
siempre acaban por romper con su silencio,
corren por mis piernas clamando regresar a mi
queriendo no secarse jamás, enojadas ellas
exigen no hacerlas rendirse.
Déspota yo, las obligo a morir otro día más.
Las dibujo sobre el espejo,
confinar a las tristezas en papel no es suficiente,
hay que hacerlas verse a ellas mismas,
dolerse sin compasión,
entenderse como heridas virtualmente abiertas.
Saberse malas, destructoras, imposibles,
desengaños irrefutables.
Al escribirlas,
tengo ganas de sentir el ardor del frío,
los placeres de lo derretido que se desliza
me recuerdan lo poco que duran los deseos.
Es el por qué las noches son largas cuando no son anheladas,
es la razon de porque es mejor matar las ansias, no tenerlas.
Las horas son los instantes donde
viven las confusiones y otras cosas difusas,
los vacíos de estomago de la medianoche,
lo congestionado de las esperanzas falsas en el pecho,
las malas ganas de rayar paredes a plena tarde.
Las mañanas son de los dulces y las incongruencias afectivas…
Creo que te he dicho ya que te amo,
amor a pesar de las heridas...
no puedo seguir así, no puedo amarte a ti.
Siempre fallo, But if you love me, won’t you let me know?
[A la salud de los muertos de mis ganas, de mis ganas de soñar con sinceridades, de mis ilusiones de la existencia de lo honesto, los sentimientos como estos no hacen mas que estorbar...]



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